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Entre 2 Columnas

El Universo en un Grano de Arena

martes, febrero 08, 2005

Mi Viejo

Hoy, 8 de febrero, mi viejo habría cumplido 74 años...
Hace 3 que partió y hubo muchas cosas que nunca le pude decir y muchas cosas que no pudimos o no quisimos hacer juntos.
Cuando yo disponía de tiempo (mientras fui niño), él estaba muy ocupado con sus numerosas actividades de la oficina; y cuando él tuvo tiempo, era yo el que estaba muy ocupado con la universidad, los amigos y las pololas como para sentarnos a conversar y dejar que las palabras salieran.
Luego, sus enfermedades no lo dejaron disfrutar de su jubilación, de la compañía siempre fiel de mi mamá, de la familia, los nietos, en fin, de todo aquello que todos queremos disfrutar y hacer cuando tengamos la tarea de la vida hecha...
Me habría gustado, por ejemplo, decirle lo parecidos que resultamos ser. Cuando adolescente sólo quería distinguirme de él, tener la certeza que era diferente, que no cometería los mismos errores ni haría las mismas cosas. Ahora, me da risa darme cuenta que soy igual a él. Mi trabajo es casi igual que el que él hacía (y eso que mi viejo no fue profesional), hemos metido la pata de la misma manera y en el mismo hoyo, tenemos las mismas inquietudes sociales, nos relacionamos con los amigos de la misma forma, reaccionamos igual, somos de pocas palabras, etc.
Seguramente se reiría si le dijera que Dios es irónico, pues en su infinito humor negro, discurrió que, a pesar de todos mis esfuerzos, mi comportamiento, mi personalidad y mi vida tienen la impronta de lo que él me dejó. Y si bien no me dejó riquezas materiales ni nada que se le parezca, me dejó el empeño en lo que hago, el disfrutar con la compañía de mis amigos (amigos que igual como los suyos) son leales y de larga data. Me dejó el saber disfrutar la comida, el sentido del humor, y una respetable carga de defectos (no los enumeraré ahora) que me hacen ser de carne y hueso, tal como él.
Sin embargo, ya nos encontraremos en algún lugar. Tal vez te vuelva a sorprender con mis inagotables rebeldías y quizás te sientas orgulloso de ellas, pues el destino me dio la posibilidad de hacer aquellas cosas que tú no pudiste hacer.
Por mi parte, te contaré que con cada paso que doy en mi proceso de autoconocimiento, te voy conociendo más. A veces es como si estuvieras frente a mí, de tal manera que puedo mirarte a los ojos y sonreír... Sonreír de saber que fuimos hechos con el mismo molde, que tengo los mismos miedos, las mismas esperanzas y que por eso, somos cómplices, y me siento orgulloso de ello.
Y para finalizar, algo que parece que nunca te dije de adulto, pero que espero que igual sospecharas... Te quiero, papá.