En El Auto
Recién la había visto y su manera de moverse como pantera en celo y su aroma salvaje, me hicieron desearla inmediatamente. Cuando se dio cuenta de mi presencia comenzó a huir por la calle, agitando las hojas secas de la vereda hasta meterse en el auto abandonado del callejón, el mismo que los niños del barrio usan como escondite.
Esperé afuera, mientras me arreglaba el pelo. El aroma que salía del auto, fue suficiente invitación para mí.
“¡Qué suerte!”, pensé, hoy voy a tener sexo en un asiento de auto y no, como siempre, en los fríos techos de zinc.Pezespada


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